En Nazaret, habitar la memoria es hacernos presentes
Queridas hermanas, Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret,
¡Qué inmenso gozo nos inunda al celebrar este 28 de junio un nuevo aniversario de nuestra fundación! En un tiempo frecuentemente marcado por la «cultura del olvido», donde todo fluye con prisa y lo virtual intenta sustituir a lo real, nuestra vocación compartida se levanta como un faro de luz que nos devuelve las raíces, la identidad y la concreción del amor del Dios con nosotras. Hoy, la Iglesia entera da gracias por nuestra entrega y por el carisma con el que custodiamos el misterio de seguir y anunciar a Cristo en Nazaret.
Al mirar atrás en este día tan significativo, resuena con fuerza en nuestros corazones el mandato del Deuteronomio: «Recuerda», «no olvides». Celebrar nuestra fundación no es hacer un simple ejercicio de nostalgia; es comprender que habitar la memoria es hacernos presentes. Es volver con gratitud al origen para reconocer que cada paso en nuestra historia, cada desierto superado y cada bendición recibida no han sido fruto de nuestra sola fuerza humana, sino un don gratuito del Amor de Dios. ¡No olvidemos la fidelidad del Señor que nos ha sostenido como peregrinas de esperanza en la Gracia!
Una llamada urgente a la Encarnación y la caridad
Precisamente hoy, ese «hacernos presentes» adquiere un rostro de urgencia y dolor. No podemos habitar la memoria con los ojos cerrados a la realidad. Esta semana, Venezuela ha sido sacudida por terremotos devastadores que han dejado una situación verdaderamente dramática. El sufrimiento de tantos hermanos y hermanas despojados de todo vuelve a poner a prueba nuestro compromiso y nos interpela directamente. Nazaret hoy de nuevo sufre en el pueblo venezolano, y es allí donde se necesita, más que nunca, nuestra respuesta generosa, solidaria y profundamente comprometida.
Frente a esta cruda realidad, renovamos estas tres invitaciones para caminar en la confianza:
- Vivamos desde la memoria agradecida: No permitamos que la rutina nos endurezca el corazón o convierta el don en costumbre. Que cada día sea una acción de gracias, reconociendo que nuestra misión en el mundo brota de la escucha de la Palabra y del nutrirnos constantemente del Señor para luego ser manos abiertas que alivien el dolor del prójimo.
- Dejémonos transformar por el Memorial vivo: Así como el maná alimentó al pueblo de Israel, que la Eucaristía siga siendo la pedagogía divina que plasme nuestros corazones. Mastiquemos, asimilemos y encarnemos la vida de Cristo en Nazaret. Permitamos que este alimento no solo nos sostenga, sino que nos consuma para hacernos nuevas y más humanas cada día, educándonos en la comunión con el Señor, en la caridad y en la conversión.
- Caminemos con la mirada puesta en la meta: Frente a los riesgos de la inmediatez y la superficialidad del mundo, Jesús nos llama a lo concreto, a asimilar su vida a través de la entrega alegre y generosa que genera verdadera vida. En el impulso y en la caída, miremos siempre hacia adelante con audacia misionera.
Que en este aniversario se cumpla con renovada fuerza el misterio de la Encarnación en cada una de nosotras y en todas las comunidades: «Ya no soy yo quien vive, sino Cristo quien vive en mí».
¡Feliz aniversario de fundación! Que la Sagrada Familia de Nazaret nos bendiga, nos cuide, sostenga a nuestros hermanos en Venezuela y nos mantenga siempre unidas en el amor. ¡Sigamos habitando la memoria con gozo para hacernos presentes en el corazón de la humanidad!




