¿Educadores o solo profesores?
Esta pregunta marcó uno de los momentos más significativos del Encuentro de Religiosas Perpetuas, donde la misión educativa de la Iglesia se puso en el centro del diálogo.
En este espacio de encuentro y discernimiento, las jóvenes religiosas, acompañadas por la Madre María del Mar Sánchez, Superiora General, mantuvieron un diálogo con el Cardenal José Tolentino de Mendonça, Prefecto del Dicasterio para la Cultura y la Educación. Fue un momento de especial gracia que abrió nuevas perspectivas sobre el presente y el futuro de la educación católica.
El Cardenal invitó a mirar la educación con ojos nuevos, recordando que el mundo educativo necesita hoy una dimensión profética capaz de responder a los desafíos globales con esperanza. En este sentido, reivindicó la figura del educador como un “testigo de la existencia”, retomando una reflexión de María Zambrano: no es solo alguien que responde preguntas, sino alguien ante quien el alumno aprende a preguntarse a sí mismo.
Esta visión conecta con una de las grandes transformaciones actuales en educación: pasar de un modelo centrado en la transmisión de contenidos a una educación integral, donde el acompañamiento personal, emocional y espiritual cobra un papel central. No se trata solo de enseñar, sino de implicarse en la vida del otro, en su camino y en su crecimiento.
En este contexto, el Cardenal fue claro al afirmar que la educación no es una dimensión secundaria en la Iglesia, sino la “trama misma de la evangelización”. Esta afirmación refuerza el papel de la educación católica como espacio privilegiado para la transmisión de valores, la construcción de comunidad y la generación de esperanza en un mundo fragmentado.

El diálogo también puso sobre la mesa los desafíos que viven hoy los docentes: la sobrecarga administrativa, la soledad emocional y la falta de reconocimiento social. Ante esta realidad, resonó con fuerza una invitación directa: “No olviden a los profesores. Los curadores también necesitan ser curados”.
Cuidar a quienes educan se convierte así en una prioridad urgente. En un contexto donde crece la preocupación por el bienestar docente y la salud emocional en el ámbito educativo, este mensaje invita a generar comunidades más humanas, donde también los educadores sean acompañados, reconocidos y sostenidos.
En línea con el Pacto Educativo Global impulsado por el Papa Francisco, el Cardenal señaló tres claves para renovar la educación hoy: cultivar la vida interior, promover un humanismo digital y educar para la paz. Estas prioridades responden a desafíos profundamente actuales: ayudar a los jóvenes a encontrar sentido, integrar la tecnología de manera humana y construir espacios educativos que favorezcan el diálogo y la reconciliación.
Otro de los aportes más sugerentes fue la invitación a trabajar desde la “lógica de las constelaciones”: una forma de construir red en la educación católica, donde cada carisma mantiene su identidad pero se une a otros para afrontar juntos retos como la pobreza, la exclusión o la fragmentación social.
Este enfoque apunta directamente a una tendencia clave en la educación global: la necesidad de colaboración, alianzas y trabajo en red para generar un impacto real y sostenible.
El encuentro concluyó con un reconocimiento a la vida consagrada como “antena de futuro” y vanguardia profética, especialmente en aquellos lugares donde la Iglesia se hace presente como signo de esperanza.
En un momento histórico marcado por la incertidumbre, la educación aparece nuevamente como un camino privilegiado para sembrar humanidad. Como recordó el propio Cardenal, ser educador es asumir la responsabilidad de una existencia y de un camino, y tener el coraje de pensar nuevas posibilidades para el presente.
Hoy más que nunca, la educación necesita testigos. Personas capaces de acompañar, escuchar y abrir horizontes. Porque educar, en el corazón de la Iglesia, sigue siendo una forma concreta de transformar el mundo desde dentro.




